viernes, 15 de junio de 2012

Ámbar, la joya de Tasarte

En la recortada costa suroccidental de Gran Canaria, pocos son los lugares que han quedado prácticamente casi vírgenes al paso del alquitrán y el cemento. La franja litoral tan escarpada ayuda a esconder rincones únicos, para el goce y disfrute de aquellos que quieran desconectar de la civilización y entrar en sintonia con el medio natural

Quizás las famosas Playas de Guguy se llevan el mérito en cuanto a desconexión de la ajetreada vida fuera de los confines de los macizos, barrancos y acantilados de este sector isleño; su aislamiento, sin embargo, no ha podido impedir que estos preciados paraisos sean maltratados a sabiendas que se encuentra de una importante Reserva Natural Especial.
Por suerte, pocos son los que no cumplen las normas cívicas de respeto al medio ambiente, pero si suficientes como para que sus visitas queden recordadas en forma de residuos en este recóndito lugar.

Hacia el (SO) de Guguy, saliendo de su espectacular macizo y cruzando la Punta del Descojonado, nos internamos en un mar turquesa, de aguas muy tranquilas, cuyas olas rompen suavemente contra una costa en retroceso, cuyos acantilados, más bajos que los de su vecino Guguy, esconden en su base numerosas caletas de callaos y fina arena cenicienta, producto de la descomposición sistemática y erosiva a la que se vé sometida la piedra marina en su encuentro con el agua del Mar de Las Calmas, superficie oceánica comprendida entre Tasartico y Veneguera.


Estos reductos poco conocidos, visitados por fortuna por la gente local que ama y respeta su entorno natural, suelen en mayoria desaparecer en las suaves pleamares del Mar de Las Calmas, dejando como referencia única de su existencia, las numerosas cuevas y bellas oquedades que quedan al pié de los cantiles, algunas de formas muy hermosas y profundidad interesante.

La imagen desde el mismo mar es grandiosa, visualizándose la muralla de acantilados de tonos ocres en cuya base resoplan los bufaderos, espléndida alusión a las numerosas cuevas submarinas existentes y que al llenarse de agua empujan violentamente el aire contenido entre las ranuras de la roca basáltica, creando verdaderos géiseres de sonido muy característico.
La pared litoral no posee palataforma y su lecho es hueco; de ahí que el submarinismo en la zona sea de especial agrado para los amantes de esta actividad.

El pago aldeano de Tasarte presume de tener varios caletones, quizás los más importantes en todo el litoral que viene de La Aldea y llega a Veneguera, algunos de más de 200 metros de largo, escondidos en parte por un pequeño macizo rocoso que se desmorona hacia el mar. El retroceso imparable de la costa hace que se formen estas bellas calas, que solo pueden ser visitadas a nado, en embarcación o a pié por un sendero aéreo que recorre gran parte de estas pequeñas paredes marinas.

Destaca una en particular por su tamaño y aislamiento total, la Playa del Ámbar, al (SO) de la conocida Playa de Tasarte; lugar idílico y edén de los que desean una desconexión total si no se quiere caminar las 2 horas de trayecto que separa el barrio de Tasartico de Guguy Grande.
Está formada de pequeños callaos y de una fina arena grisácea-negruzca, de componente volcánico, metida en una pequeña ensenada que deja un escarpado farallón costero y cerrada a ambos lados por pequeños brazos de mar que la aislan de la de Tasarte, por el (O) y la de Los Secos al (SO); ésta última es más visitada al encontrarse en la desembocadura de un barranco principal que es a su vez la linde que sirve de frontera entre Tasarte y Veneguera, es decir, el limite municipal entre La Aldea y Mogán. El acceso a Los Secos es mucho más fácil y el aislamiento menor. El camino se prolonga hacia Veneguera, con puntos donde desaparece debido al estado muy erosivo del risco marino.

El acceso a Ámbar, denominada asi tal vez por los reflejos dorados que emiten los riscos en los espectaculares ocasos que desde allí se vislumbran, es algo complicado a pié; puede llegarse a ella a nada, con marea baja y sortear un pequeño saliente marino que la separa de la de Tasarte, pero aunque las aguas del Mar de Las Calmas sean apacibles, nunca hay que confiarse del océano y en marea alta la ola rompe directamente con el saliente (parecido al que separa ambas playas de Guguy solo que más extenso aún).
En tal caso, la ruta pié es muy interesante, bordeando el acantilado durante 30-40 minutos y observando un árido entorno poco visitado donde el risco es protagonista.
La bajada final a la playa ha de hacerse destrepando fácilmente por una tosca rampa de piedras (algo resbaladiza).

La ruta se inicia cerca de la explanada donde se ubica el campo de fútbol de Tasarte; al (SO) subiendo una evidente ladera de inclinación moderada y dejando cerca una vivienda, se llega a lo alto de un morro, donde el camino se convierte en andén de color rojizo y se pega al repecho del acantilado saliente que separa la Playa de Tasarte de la del Ámbar.

El andén es resbaladizo y algo aéreo, con un pequeño tramo de unos 30 metros muy expuesto hacia el risco marino y que ha de pasarse con precaución. Se cobra altura rápidamente, unos 200 metros sobre el mar.

La forma del acantilado es semi-escalonada, apareciendo más andenes inferiores y superiores paralelos al principal; se desconocen si tienen conexión final con el acceso a la playa o se cortan bruscamente en una de las múltiples rampas verticales que se deslizan desde lo alto del cantil hasta el mar.

Las vistas son muy espectaculares de la costa; sobre nosotros se alzan unos caideros impresionantes que finalizan en una especie de meseta en lo alto del cantil.
Por debajo, numerosas escorrentias bajan vertiginosas por más caideros que caen al mar.
El itinerario es corto pero intenso.
A medida que llegamos a lo más alto del acantilado, aparece la pequeña ensenada donde se situa la playa, a distancia.

En este punto, el andén se torna muy irregular, desapareciendo en ciertos tramos; hemos llegado a la rampa posterior que baja a la playa que ha de hacerse con sumo cuidado, pues la inclinación es evidente y existen piedras de gran tamaño que están sueltas.
Con destreza bajamos el total de la rampa, que retornaremos después para tomar nuevamente el andén de regreso y ahora solo queda disfrutar del mar en calma, la soledad, el silencio y los riscos. No existe paso del hombre por esta cala; los habitantes de Tasarte se han encargado bien de que este paraje paradisíaco no sea convertido en basurero y asi debe permanecer.

Obviamente puede hacerse nudismo y a ambos lados de la playa existen charcas que invitan al baño si no se quiere meter en mar abierto; aunque la playa sea en su mayoria de callaos, en marea baja aparece la arena. Dentro del agua no hay callaos, el baño es excelente y sin molestias de toparse con piedras. El entorno aislado ayuda a desconectar, relajar y desestresar e invita a futuras visitas posteriores.. sin duda, una auténtica joya con la que cuenta el Pueblo de Tasarte.

2 comentarios:

Luis dijo...

Creo que el nombre viene de tiempos en que se recolectaba ambar gris (secrecion vesiculas de cetaceos)

Anónimo dijo...

Buenas noches

El domingo fui con un amigo a la playa de Los Secos partiendo desde Tasarte y pasando por la playa de Ámbar lógicamente, pero no logramos ver esa famosa rampa que baja hacia ésta como ha descrito en la publicación, durante ese tramo en ningún momento vimos indicación alguna de la bajada y me gustaría saber donde queda más o menos la rampa de acceso a la playa. Gracias y Saludos.