martes, 1 de mayo de 2012

RUTA: Tifaracás (Tifaracal)



Tifaracal o Tifaracás (en La Aldea también es conocido como Chofaracal), es un área de las lindes de la zona (N) del municipio de San Nicolás que comprende desde el pequeño caserio que lleva su mismo nombre y que en dirección (O) sigue al cauce natural del escarpado Barranco de Tifaracás hasta unirse al de La Aldea.
Aunque se halla en los límites del municipio de poniente, gran parte de este área pertenece a Artenara.

Es una zona muy árida y abrupta, poco visitada (más bien por cazadores y muy pocos que pasan alguna temporada en el cortijo), protegida por las toscas laderas occidentales de la Montaña de Altavista.
El risco cortado cobra aqui protagonismo; los pétreos desniveles que rodean el enclave son diversos e importantes, asi como una variada red de senderos, en su mayoria olvidados y casi en desuso, que atraviesan las zonas, especialmente aquellas más escarpadas y que son utilizados en temporada de caza y para las populares apañadas que reunen a los pastores locales.

El paraje, donde abundan las grandes cuevas y oquedades en altura casi  infranqueable (la mayoria abiertas hacia el abismo del Barranco de La Aldea por la vertiente (SO) y hacia los tributarios del de Tifaracás, en la vertiente occidental), es elegido por tener ciertas variantes aéreas (Cresteria de Altavista, Canal del Bentayga, tributarios del Barranco de La Aldea y zona del Parralillo) que gustan a muchos caminantes ávidos de buscar zonas de dificil acceso y con poco tránsito de senderistas.

Tifaracás forma parte del enlace entre dos macizos; el de Tamadaba-Altavista y el de Pajonales-Inagua, ambos separados por el profundo tajo del Barranco de La Aldea.
La altura máxima se centra en la Montaña de Tifaracás, que se levanta poco más de 800 metros de cota sobre el cauce de este barranco, muy cerca de la Presa del Parralillo y desde donde se visualiza la de Siberio, encajonada bajo el Morro del Conejo. Frente a la cara (N) de la montaña, se aprecia la monumental banda de poniente de la Mesa del Junquillo, casi al mismo nivel de altitud, superado en pocos metros por esta última.

A los pies de la montaña queda la Presa del Caidero de La Niña y la cresta divisoria que separa el Barranco de La Aldea del de Pino Gordo, por la vertiente opuesta.

Es un magnífico mirador natural, hacia toda la cuenca baja de Tejeda - La Aldea y sus principales relieves, barrancos y tributarios. Asi, desde su cima que posee varios niveles de altura (separadas entre si por lomos rocosos que "unen" esta montaña con las laderas bajas de Altavista) es fácilmente ver el Nublo en la distancia (con buena panorámica aparece "sobrepuesto" sobre la Mesa del Junquillo) y el Bentayga elevado sobre su imponente plataforma de riscos. Cerca se alzan los "hermanos" Roques del Rey.
Las mesas de Acusa, al (N) y la del Junquillo (justo frente a la cima de Tifaracás). Al (SO), el Macizo de La Inagua, las montañas de Las Monjas y la de Inagua, el Morro del Conejo y el Roque Astrado. Bajo esta sucesión de relieves, serpentea el Barranco de Vigaroé (vista única desde aqui de toda su longitud; nacimiento y desembocadura en una misma perspectiva). Siguiendo esta linea, hacia el (O) se visualiza el tramo bajo del Barranco de Garabateras y la Montaña de Pino Gordo.
Hacia el (O), parte del Valle de La Aldea, el Macizo de Guguy y la Punta del Viso.

A pesar de que es una zona bastante seca y casi desértica en cuestión de flora, llama mucho la atención el paisaje predominante, los tonos de la piedra y las bellas formas recortadas de los riscos. En temporal de poniente, suele reverdecer en contraste con su aridez tipica, mostrando un espectáculo parcial y sublime de saltos de agua y caideros que en la mayoria de los casos, suelen "esconderse" entre tanto escarpe y solo dejándose ver en determinados puntos.

Aunque es una ruta corta, se advierta que tiene algunos tramos de gran pendiente y puntos expuestos a caidas de considerable altura.

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KILÓMETROS: 6 Aprox.
DURACIÓN: 3-4 H. Aprox.
ESTADO DEL SENDERO: El inicio es bueno, por pista de tierra hasta la degollada. De resto, el camino se difumina en ciertos puntos. Zonas de garrapateo y tramo expuesto al vacio. Desde la montaña en ascenso, el sendero es irregular por su poco tránsito. Existencia de veredas y atajos que se aconsejan no tomar si se desconoce la zona.
RESISTENCIA PARA INICIADOS: Baja
RESISTENCIA PARA PRINCIPIANTES: Media-Alta
TIPO DE RUTA: Ida y Vuelta por el mismo camino
DIFICULTAD: Media
TRAMOS AÉREOS: Si. Hay uno en concreto bastante expuesto.
COMIENZO Y FINALIZACIÓN: Presa del Caidero de La Niña, en la carretera que une Artenara con La Aldea.
MUNICIPIOS: Aldea de San Nicolás - Artenara
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Tras pasar la Barraca de Pepe, en la carretera que sube de San Nicolás en dirección Artenara, se llega a los restos de las edificaciones que se usaron en la construcción de la Presa del Caidero de La Niña, que queda por debajo.

A pocos metros de la barraca, hay una torreta eléctrica en un pequeño ensanche de la carretera. Justo en la loma del frente, al (SO) , se vé la escalonada desembocadura en la presa del Barranco de Las Garabateras que baja de La Inagua, asi como los numerosos y misteriosos barranquillos que bajan paralelos, de extraordinaria belleza y desnivel, en su mayoria inexplorados por desaguar en el mismo embalse, quedando por tanto su acceso limitado por esta circunstancia. Existe una alternativa, de exigente nivel, que recorre la cresteria desde Vigaroé en este sentido y alcanzar sus empinados cauces que quedará descrita en otro apartado. Sin duda, la visita a estos barranquillos deja muy buen sabor de boca por la sensación de estar en un lugar que ha sido visitado en muy contadas ocasiones o en ninguna..

Junto a la torre de electricidad se dejarán los coches.

Caminando en dirección Artenara (N), a unos 7 metros de donde se deja el coche y a nuestra izquierda, aparece una antigua pista forestal, en bastante desuso, que sube zigzagüeante la enorme ladera que cae desde las zonas más altas. La pista está desaconsejada al tránsito de vehículos, más que nada por sus enormes socavones y su pésimo o nulo estado de mantenimiento, por tanto, evitar meter el coche por aqui.

Durante su monótono y zigzagüeante ascenso, se ofrecen distintas panorámicas del Macizo de La Inagua y de La Aldea, destacando el Risco Rajado, una enorme grieta que separa dos escarpes verticales (desde cierta perspectiva, en el ocaso, se puede fotografiar el sol dentro de esta "raja"). En 25-30 minutos se llega a una pequeña degollada, dejando a un lado formaciones rocosas en la que destaca una en particular con apariencia de cabeza de águila y que dá paso al profundo Barranco de Tifaracás, rodeado de grandes y recortados riscos que lo bordean y lo cierran desde su cabecera.

La degollada es una zona de importante bifurcación; si se sigue el camino hacia el (O) se baja a La Aldea por un antiguo sendero paralelo a la zona baja del Canal del Bentayga (en varios puntos se une a el); es parte de un viejo camino real (tal vez una variante del Camino Real que une La Aldea con Artenara) que llega al barrio de Castañeta. Si se escoge el desvio al (NO), el que interesa en este itinerario, la pista muere para convertirse en una senda estrecha que atraviesa en muy ligero ascenso una sucesión de lomos escarpados, de evidente inclinación y paralelos al barranco, que forman parte a su vez de una de sus laderas.

Hay un tramo delicado del sendero, producto de un corrimiento ladera abajo y que lo ha colapsado en este punto. Quizás para los más veteranos en este tipo de terrenos, este handicap pueda pasar inadvertido, pero para los que no conocen la ruta no puede pasar por alto, más que nada porque la senda descorrida dá paso a una caida hacia el cauce de Tifaracás bastante considerable.
Para sortear este tramo, habrá que garrapatear ligeramente por la zona superior, con mucha precaución (se recuerda que es una zona de mucho desnivel) y bordear el punto conflictivo hasta localizar nuevamente el sendero pasado éste.

Tras rebasar este contratiempo, el camino conduce directamente y sin pérdida a la parte baja de un barranquillo tributario al de Tifaracás, donde lo cruza, se estrecha y continúa en notable ascenso rumbo a las zonas altas en dirección (NO) enlazando directamente con los alpendres y casas-cueva del Caserio de Tifaracás, pasando previamente varios afluentes cortos y encajonados. Sin embargo, para subir a la cima de la Montaña de Tifaracás, se ha de garrapatear por los diversos caideros existentes en el cauce que presenta este barranquillo, al (N) y no cruzarlo, trepando por su escalonado cauce. Si finalmente se opta por cruzar el barranquillo y se omite esta variante, no habrá forma de acceder, más adelante, a la cumbre de la montaña, perdiendo el gran atractivo que tiene este impresionante mirador.

Por lo tanto y en esta ocasión, se obvia el sendero estrecho que cruza el baranquillo y sube al (NO) y se escoge el que garrapatea por el lecho de la escorrentia al (N).

Los caideros son de varias alturas (máx. 2-3 metros) y verticalidades, pero ofrece poca resistencia si se está habituado a caminar por este tipo de parajes.
Si no se quiere trepar por ellos, se ha de subir el empinado lomo que le sirve de ladera al barranquillo, de terreno tosco bastante resbaladizo y de inclinación acusada en su tramo más bajo, para suavizarse a medida que se asciende.
Si la escorrentia ha llevado agua recientemente, se verán llenos los pilancones presentes en su cauce; con esta circunstancia, evitar trepar por los caideros ya que la piedra es sumamente resbaladiza cuando está húmeda y se rompe con facilidad.

Se han de pasar tres minúsculos muros enrejados que sirven para retener el agua que baja por la torrentera hasta llegar a una vasta zona de bancales de cultivo abandonados. Como referencia, habremos dejado en el margen izquierdo del barranquillo, antes de abandonarlo, un ejemplar de pino de elegante porte.
Si ha llovido recientemente, todo este enclave aparece cubierto de una espesa alfombra de vegetación baja.

Tras atravesar los bancales, llegamos a una zona de tosca porosa, un declive suave que hay que sortear para culminar en la cima de Tifaracás. La pendiente no tiene trazado y ha de subirse en su totalidad por aquellas zonas más "practicables", aunque no presente dificultad destacable.

Una vez superada la ladera, el centro y oeste de Gran Canaria aparece de golpe ante nuestros ojos.

Las caidas hacia la banda del Barranco de La Aldea son altamente espectaculares y vertiginosas, quedando en primer plano la emocionante cara occidental de la Mesa del Junquillo.
Sin embargo, este es solo uno de los "niveles inferiores" de la montaña, pues si se sigue en dirección (NO) en ascenso prolongado, a través de una afilada cresta rocosa de tosca, que va dejando la vertiente del Barranco de La Aldea a la derecha y el de Tifaracás junto a sus tributarios a la izquierda, se llega a las zonas más altas y comunica con el camino que se dirige a las Casas de Tifaracás (aquel que dejábamos antes de subir a la cima), mostrando en varias perspectivas enormes cuevas que invitan a ser exploradas, si no fuera por que se hallan en puntos de dificil accesibilidad.

La subida por la cresteria no tiene sendero trazado o aparecen sendas de forma irregular; ha de hacerse por el filo del lomo referenciado con los cartuchos que dejan alli los cazadores y por zonas evidentemente pisadas.

Hay ciertos tramos en los que la aérea cresta se estrecha mucho, en cuchillo, quedando muy expuesta al vacio, ofreciendo impactantes vistas a los lechos de ambos barrancos, a unos 400 metros por debajo.
Debido a esto, se advierte a personas sensibles que puede aparecer vértigo de altura.
Sin embargo con la debida precaución, estos tramos se pueden pasar sin problemas y seguir hacia un prominente espolón en cuya base se abren nuevas cuevas de todos los tamaños, algunas de ellas situadas a suficiente altura como para no poder ser visitadas.

Tras sortear la cresteria, reaparece el sendero bien visible, que sube esta formación rocosa y gira definitivamente a la derecha (NO) hasta internarse en las escarpadas cabeceras de los tributarios de Tifaracás. A partir de este punto, la Cuenca de Tejeda que nos acompañaba en todo el itinerario por la cresteria, dejará de verse.

Para bordear la cabecera del primer barranquillo que nos encontramos, hay que cruzar una fisura que parte en dos un gigantesco peñasco. El sendero permanece visible hasta el caserio, atravesando varias escorrentias más, todas por la cabecera o naciente hasta llegar al Cortijo de Tifaracás, habitado por pastores en temporadas y donde residian antaño miembros de una misma familia procedente de Artenara. Las casas-cueva, en su mayoria, están construidas bajo el solapón de los riscos que le sirven de techo, por lo que aún estando en un paraje muy árido y que soporta temperaturas estivales por encima de los 35 grados, los alpendres ofrecen a sus visitantes bastante fresco. Dos de ellos tienen unos pesebres muy bonitos construidos a la antigua usanza.
Hace tiempo, uno de sus dueños, Manolito, solia hacer unos quesos artesanales muy exquisitos con leche de cabra de Tifaracás, que solia dar a probar a los pocos senderistas que llegaban al caserio.

Para finalizar la caminata, basta desandar el camino realizado, teniendo precaución en la cresteria nuevamente o bien tomar el sendero que desde las casas comunica con la degollada sin pasar por la Montaña de Tifaracás, aquella que se obvió en el itinerario de subida a ésta.
Esta variante se toma tras desandar hacia los tributarios nuevamente y tomar un evidente desvio que desciende uno de ellos por su ladera suroccidental y rumbo (O) primeramente, para girar definitivamente al (SO) y llegar a la degollada, previamente ante el punto conflictivo colapsado descrito al principio.

Sin embargo también puede hacerse en circular, ya que desde el cortijo se puede enlazar con el Camino Real que viene de Artenara y baja a Castañeta por el camino de herradura del Morro de Las Tocinas. En este caso, habria que dividir coches antes de la caminata.

Para los más osados, decir que hay una senda tortuosa muy poco frecuentada, bastante delicada y poco conocida que vá hacia Altavista, pero por su base (Canal del Bentayga), atravesando un lateral del Barranco de La Aldea por riscos muy cortados y verticales y llegando a una impresionante barranquera vertical que literalmente parte en dos la Montaña de Altavista.
Puede ascenderse por ella, siempre y cuando se tenga experiencia en este tipo de subidas algo delicadss y muy exigentes.
Esto, sin duda, reservado a senderistas con mucha experiencia o saltadores del garrote.

Otra variante dentro de Tifaracás es la Cresteria de Altavista; ascender a la famosa montaña de cima doble por los cortados en filo que la unen a la de Tifaracás y bordeando la gran cabecera de este abrupto barranco.

Muy espectacular. 

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