viernes, 22 de junio de 2012

CIRCULAR: Risco Blanco - Pico de Las Nieves - Cañadón Sombrío - Cañadón del Jierro - Culata de San Bartolomé de Tirajana



Por aquellos precipicios insondables descendieron los últimos pastores y guerreros de la vieja Tamarán hacia su perpétua cita con la historia, en Ansite. Allí se fraguó la leyenda más emblemática de Gran Canaria, aquella que le dá valor único y propio a una valerosa hazaña realizada hace 600 años, en las que numerosas almas prefirieron ser espíritus guardianes de aquellos riscos y barrancos por toda la eternidad, antes de someterse a cautiverio..

A veces, cuando sopla el viento del sur y sube por los desfiladeros del cañadón, aún resuenan ecos lejanos de bucios junto al sonido de las chácaras y el tambor y ancestrales gritos de guerra.. En lo alto de los cerros, es fácil imaginar etéreas siluetas que saltan de un escarpe a otro, antes de difuminarse contra las pétreas paredes y la niebla que las envuelve...

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De todos los senderos a gran altura que componen la red de itinerarios de Gran Canaria, quizás sea el Cañadón del Jierro junto a la famosa Ruta de Bentejuí, los caminos de montaña más bellos, intrincados y cargados de gran historia aborigen que se conocen en este sector isleño.

Todo este conjunto de pétreos abismos, testigos mudos de la famosa bajada del guerrero Bentejuí en su huida de las tropas invasoras castellanas, forman parte de uno de los parajes más aislados y fuertemente escarpados de la Caldera de Tirajana, siendo sus puntos más elevados, a su vez, los más altos de la isla.
La orografia es sumamente escabrosa, tremendamente espectacular y "adictiva" para los amantes de los itinerarios muy aéreos por pasos delicados mediante andenes y "caminillos de cabras", envuelto todo en un entorno cerrado y vertical, cuyos potentes escarpes parecen sucumbir al desplome sobre el caminante sin hacerlo.


La característica principal del Cañadón es que se considera un recorrido básicamente aéreo en casi toda su trayectoria, que se cuelga de los inmensos precipicios situados en los riscos de mayor altura de toda la isla.

Se trata de un itinerario exigente, cuya dificultad paradójicamente no es tan notoria, ya que a pesar de que el trazado se ha efectuado sobre zonas que vistas desde lejos parecen imposibles de transitar, dada su casi perfecta perpendicularidad, el sendero se encuentra perfectamente amojonado y bien pisado, característica que comparte desde tiempos remotos.

Es MUY IMPORTANTE que este itinerario NO se realice después de las lluvias, cuando el Cañadón lleva agua, ya que el terreno está formado prácticamente en su totalidad de piedras tipo lajas que son muy resbaladizas y el sendero, en parte, está próximo a los abismos del enclave. Asimismo, el riesgo de despredimientos es alto en épocas de fuertes precipitaciones.

También se desaconseja el trayecto si existe niebla, ya que suele densificarse e impide la visión más allá de medio metro (handicap en una zona poderosamente escarpada como esta), asi como hacer la circular en dias de fuerte sol, por las altas temperaturas que reinan en el lugar, que al ser cerrado, concentra el calor de forma muy desagradable.

Se recomienda también realizar el circuito en el sentido aqui descrito, sobre todo a los senderistas que la hacen por primera vez, ya que en sentido contrario, el ascenso por el Cañadón puede resultar excesivamente agotador.

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KILÓMETROS: 16 - 18 Aprox.
DURACIÓN: 7 - 8H. Aprox.
DIFICULTAD DEL SENDERO: Media. Existencia de puntos donde el camino desaparece. Varias zonas de garrapateo vertical y de destrepes con exposiciones al vacio. Tramos muy resbaladizos y desaconsejados cuando están húmedos.
RESISTENCIA PARA INICIADOS: Media - Alta
RESISTENCIA PARA PRINCIPIANTES: Exigente
TIPO DE RUTA: Circular
COMIENZO Y FINALIZACIÓN: Risco Blanco
TRAMOS AÉREOS: En su gran mayoria, algunos muy vertiginosos y otros no tanto. Desaconsejada a personas aprensivas a las alturas.
MUNICIPIO: San Bartolomé de Tirajana
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Los senderos que unen el macizo de las cumbres centrales de la isla con las zonas altas de los municipios sureños de Santa Lucía y San Bartolomé de Tirajana son diversos y variados, teniendo todos ellos como característica común, la de ser rutas muy aéreas que enlazan los caminos a través de grandes cortados y desfiladeros, que superando en su mayoria los 1000 metros de altitud, forman el relieve más alto de Gran Canaria.

Todas estas sendas, algunas ya perdidas por el desuso y por ser enlace entre zonas de muy dificil acceso para el ser humano, aunque no imposible del todo, eran utilizadas antaño para el paso del ganado, asi como "atajos" entre los pagos y poblaciones de la cumbre y su conexión con las del sur, utilizadas frecuentemente por pastores que ascendian y descendian los desfiladeros de Las Tirajanas con asombrosa facilidad.

Aún existen muchos que viven en los barrios colindantes a San Bartolomé, actualmente ya retirados por la vejez, que recuerdan con emoción como atravesaban en su juventud, la compleja red de andenes bajo el Roque Lajiudo y Campanario, bien para subir hacia La Cumbre y evitar el largo y fatigoso trayecto habitual que daba casi por completo un bordeo a la isla en carreta al no existir por entonces los famosos "coches de hora", o bien para llevar al ganado y hacer la suelta, en las áreas más arriscadas de la Caldera de Tirajana, que delimitada por fuertes escarpes y surcada por profundos y erosionados barrancos, constituye la caldera más grande de la isla.

Todos los itinerarios que pasan por ella, poseen un elevado valor paisajístico, desde donde puede observarse a vista de pájaro las grandes cuencas del sur y los largos y profundos barrancos, separados entre si por prominentes crestas y cuchillos. A diferencia de los de la vertiente oeste, cerrados en "V", éstos poseen cauces más anchos, abiertos en "U", aunque las laderas, al igual que los occidentales, son altas y escarpadas.

Subiendo desde la costa hacia el centro, por las carreteras que se dirigen a los pueblos de Santa Lucía o San Bartolomé de Tirajana, se aprecia imponente, la monumental fachada de los Riscos de Tirajana, orgullo de los tirajaneros, que "cierran" a la caldera por el norte, donde en su cima se encuentra el punto más elevado de toda Gran Canaria, el Pico de Las Nieves, con sus casi 1950 metros de altitud.

Por toda esta "cornisa" de enormes precipicios y en cuya base, al pié de los quebrados riscos, se encuentran algunos de los núcleos rurales de San Bartolomé como Agualatente, La Culata, Risco Blanco o Lomito de Taidía, es por donde se procede a realizar la ruta del Cañadón del Jierro.

Visto desde la carretera comarcal que se dirige a La Culata de San Bartolomé de Tirajana, el Cañadón del Jierro semeja a un pequeño cañón tan encajonado y vertical, cerrado a ambos lados por inmensos paredones, que es inimaginable pensar que por ahí existe un sendero vertiginoso que lo atraviesa. Los cencerros de hierro del ganado, que antaño pastaban por esos terrenos, producia un característico eco que impactaba contra las altas paredes que cerraban el angosto barranco; desde lejos, se podia saber si el ganado ya venia de vuelta, al escuchar esos tintineos contra las pétreas y verticales laderas y de ahí derivó el nombre del lugar (Jierro, hierro en castellano antiguo).

Cuando alguien llega por primera vez a este sector, siempre se suele hacer la misma pregunta: ¿de verdad que existe un sendero por ahí?..

A ambos lados del Cañadón se abren profundas fugas muy acusadas y verticales en sus caidas que pueden recordar, dada su perpendicular apariencia y por duplicado, al Barranco Oscuro de la zona de Guayedra. Uno de estos gigantescos tajos laterales es por donde discurre la mayor parte de la via, siendo el de la banda opuesta apenas inaccesible, excepto en rutas muy técnicas y peligrosamente exigentes atravesando las imponentes paredes mediante andenes colgados.

Cuando hay niebla sobre la cima del cañadón, la estampa final viene a ser una mezcla "lóbrega" y muy llamativa de un lugar dificil de alcanzar, que sin embargo invita enormemente a transitar por sus pedregosas laderas.

Como es una circular bastante extensa, dividiremos en dos los tramos a seguir:

Tramo 1: Risco Blanco - Bosque de Antenas - Mirador de Las Nieves (Todo en ascenso)

Desde las casas situadas en la zona alta del pago de Risco Blanco, casi al pié de la famosa formación que dá nombre al lugar, sale una pista que se dirige a unos bancales de cultivo y terrazas, atravesando varias fincas pequeñas y viviendas aisladas. Pasamos junto a un estanque y una fuente natural.

Tras pasar las primeras casas y antes de llegar a los bancales, se convierte en sendero, que en zig-zag vá subiendo la ladera a la derecha del Risco Blanco, cuya forma y color semejan, como bien se dice por ahí, a un gigantesco "pan de azúcar". La gran cantidad de escobones, pitas y demás vegetación pueden esconder el sendero en varios tramos. Si esto ocurre, recuerden que hay que llegar a la base del risco por su lateral más próximo, cerca de la cabecera del Barranquillo de Pavón.

Rápidamente se cobra altura y el terreno se hace muy acusado, quedando sobre nosotros las grandes paredes de la caldera. Aunque el camino esté bien "amojonado", existen varios atajos que si se desconoce el sendero habitual, aconsejaria no tomarlos, ya que podrian equivocar al caminante y conducirlo directamente a lugares poco accesibles. En tal caso y si no se logra encontrar este inicio, siempre hay personas que trabajan en los bancales inferiores a los cuales pueden preguntar.

En unos 15-20 minutos de ascenso, llegamos a una estrecha raja entre riscales conocida como Paso de Maestro Pancho, dejando previamente dos oquedades conocidas como la Cueva de Abajo y la Cueva de Arriba. Seguimos en ascenso, pasando por el Paso del Perro, una vereda angosta formada de lajas y que mediante trepadas sin dificultad nos lleva a la cima del Risco Blanco.

Aunque el ascenso por aqui no entraña dificultad, siempre hay que tener la precaución de que el terreno no se encuentre mojado, ya que en este caso, podria resultar muy peligroso. En el Paso del Perro, hay una bonita formación con apariencia de tobogán que cae deslizante por las paredes del risco y que cuando lleva agua debe de ser todo un espectáculo para la vista; lástima que cuando esto sucede, se desaconseja subir por aqui debido a que el suelo es altamente resbaladizo y el desnivel muy pronunciado.

Desde la cima del Risco Blanco (para subir a la cima del todo hay que trepar un paso vertical algo complicado pero no imposible) hay una vista grandiosa de toda la Caldera de Tirajana que se abre hacia el sur; los Barrancos de La Culata, Aguas de Tunte y Tirajana y más al sur, el profundo surco del de Fataga, junto a los lomos recortados del Macizo de Amurga que separa dos grandes cuencas, entre ellas la de Ayagaures.

Desde este punto se trepa en vertical los bloques lisos y salientes, hasta llegar a la zona alta, por encima ya del Risco Blanco, donde aparece un senderito de lajas muy bien marcado, que se desvia a la derecha (E), cruza un barranquillo encajonado y se dirige a una estrecha cañada que se abre parcialmente riscos arriba, entre unos cortados tremendamente escarpados. Se remonta el inicio de la cañada en empinados zig-zags hasta llegar asi a una pequeña degollada, donde se abandona al (E) hasta ver aparecer unas coladas volcánicas de fuerte pendiente y las cuales habrá que trepar a modo de "escalones" tallados. El garrapateo es fácil, al ser piedra porosa, pero el desnivel junto a los canchales próximos de los paredones de la caldera pueden impresionar a personas suceptibles a lugares abiertos en altura.

Una vez superadas las coladas, sigue el camino hacia la derecha (E) hasta llegar a una gran rampa de tosca de menor verticalidad y bien señalizada con mojones cono cida como La Laja y que hay que subir hasta llegar a la base de los riscos, donde gira nuevamente la senda a la derecha (E) y se dirige a una zona de almendros y algunos pinos dispersos. La subida se suele hacer en zig-zag, siguiendo la referencia de los mojones, aunque muchos acortan los contínuos serpenteos subiendo la tosca en la vertical.

Sobra decir que durante todo este ascenso, las vistas de todo el paisaje del sureste y sur son tan impresionantes que crean una fuerte sensación de inmensidad. Los barrancos irradiados hacia esa vertiente de la isla son numerosos y largos y la mayoria de su recorrido es bien visible desde aqui, asi como los cerros que los separan unos de otros, con infinidad de monolitos aislados en sus cumbres.

Sorteando algunos pinos, el camino discurre por varias lomas ondulantes y aéreas desde donde se vé una formación rocosa con apariencia de cresta de gallo que baja desde la cornisa de riscos situada sobre nosotros y de bonita perspectiva. Puede ser tomada como referencia para verificar que se anda por el camino correcto. A partir de aqui, la senda se estrecha a modo de Andén (Andén de Las Goterillas), poco aéreo y seguro.

Por encima y hacia el (SE), se vé una panorámica de la espectacular Mesa de Las Vacas.

Como referencia decir que por aqui pasaremos también junto a una cueva de entrada rectangular y escondida entre la vegetación. Después de cruzar las lomas, llegamos al final de la senda que se convierte en pista de tierra y conduce al frondoso pinar (Los Pelúos) que recubre las zonas altas.

A partir de aqui, el camino se puede hacer monótono, pues discurre a través del pinar, que a pesar de su extraordinario silencio y su mágica visión de la bruma deslizándose por las copas de los pinos en los dias frios, no nos evita el tránsito por la cansina pista.

Aún asi vale la pena hacer un alto por aqui y relajarse con el sonido del viento entre los árboles. Existen varios atajos, a través de los laderones expuestos al abismo para ir acortando el camino por la pista, pero todos con acusados e importantes desniveles.

Durante el recorrido llegaremos a una bifurcación de pistas, debiéndose coger la de la izquierda (O), ya que la de la derecha (E) conduce al sendero que lleva a la Mesa de Las Vacas, Sepultura del Gigante (Cañada de Los Gangarros), Guayadeque y Los Marteles. Llegaremos asi a una gran curva donde definitivamente se nos oculta toda la visión de la zona sur, que hasta ahora nos había acompañado durante todo el trayecto.

A nuestra derecha aparece ahora el cono volcánico de La Calderilla, con su particular terreno de picón y rodeada de pinos.
En leves zig-zags, durante el uniforme ascenso por la pista, llegamos al fin al bosque de antenas donde aparece una carretera que hay que seguir hasta llegar al mirador del Pozo de Las Nieves, situado junto a la gran estación militar.

Finaliza aqui el primer tramo de subida de la circular. El tiempo estimado es muy relativo, según la resistencia física del caminante a la hora de ascender por las zonas de Risco Blanco, pero en teoria no deberia sobrepasar las 2-3 H.

Tramo 2: Mirador de Las Nieves - Cañadón Sombrío - Cañadón del Jierro - Agualatente (todo en descenso)

Estamos en la zona más alta de Gran Canaria donde podemos disfrutar de unas vistas sensacionales de San Bartolomé de Tirajana y Santa Lucía vistos desde La Cumbre. Esplendorosa visión del Roque Nublo, con su perfecta silueta y tras el, en la lejania, el Bentayga.
Desde el mirador, a la derecha (SO - O), se vé la zona más alta del Cañadón, junto a los altisimos Riscos del Campanario y el Puntón de La Agujereada, que con sus más de 1900 metros constituyen las altitudes máximas de los Riscos de Tirajana después de Las Nieves. Siguiendo la cresteria en dirección (S) queda el trazado de la famosa Ruta de Bentejuí, que sale desde la Cruz de Timagada hasta llegar al Cañadón, bajandolo y continuando hasta Agualatente.

Después de disfrutar ante tal majestual panorámica, se continúa la ruta de descenso por el Cañadón del Jierro.

Antes de llegar al murete final del mirador, hay un tramo que no tiene muro y donde parte un sendero ancho y muy bien trazado, a la derecha, que comienza su bajada hacia la zona de pinar conocida como Degollada de Piedras Blancas (hay un gran mojón del cabildo como referencia).

La bajada es algo pendiente, dejando frente a nosotros la mole imponente del Campanario.
Una vez bajada en su totalidad, aranca un llaneo al (O) que se interna en el pinar; es el inicio del Camino de La Raya que lleva a la Degollada de La Goleta y El Nublo o previamente a la subida al Campanario. Sin embargo, antes de adentrase en el pinar, existe un ligero desvio hacia el (S), que desciende por la enorme cabecera de un barranquillo . Este desvio está normalmente señalizado y es el que debemos escoger para bajar por el cañadón.

Visto desde aqui, puede recordar a la cabecera del Barranco del Juncal de Tejeda, dada su apariencia en forma de "V" antes de precipitarse por los riscos hacia el abismo. Aqui se puede enlazar con parte de la Ruta de Bentejuí que viene de Timagada.

Una gigantesca rampa de tosca cubierta de algunos pinos y demás vegetación tipica de estas alturas, en especial retamas y escobones muy concentrados que en ocasiones esconden el camino, se nos presenta en la primera parte de bajada, que queda cerrada a ambos lados por dos poderosos farallones rocosos, dándole la apariencia de una ceñida "V". En el centro de la "V", se abre la abismal garganta del cañadón estrecha como una infinita fuga. Sobre uno de estos farallones, se encuentra la famosa Cara de Gato o Lobo, una formación muy semejante al rostro de un felino.

Esta zona se la conoce como Cañadón Sombrío, posiblemente debido a que sus altas paredes no dejan llegar la luz solar directamente, lo cual hace que esta parte de la ruta casi siempre se encuentre en sombra. Se baja casi en destrepes fáciles al principio, pero sin confiarse demasiado.
No conlleva peligro siempre y cuando se vaya con precaución y en zig-zag se vá descendiendo,
teniendo ante nosotros a unos 1500 metros por debajo, los pueblos de La Culata, Agualatente y San Bartolomé, asi como los largos barrancos que parten de aqui hasta la costa sur. En primer término, una bella imagen del Risco Blanco, la zona por donde hemos ascendido en el primer tramo del itinerario.

Existen puntos en la bajada con grandes peñascos caidos de las alturas. De ahí que se desaconseje esta ruta tras las lluvias. A medida que desciende, el enclave se vá cerrando notoriamente.

En cierto punto, el sendero se convierte en andén aéreo y gira a la derecha, para seguir un ligero ascenso y posterior descenso sobre un morrete saliente. Tras tomar el andén, aparecen las grandes e infranqueables paredes de Las Tirajanas que quedaban hasta ahora ocultas por uno de los canalizos laterales del Cañadón Sombrio. Desde estas paredes parten andenes muy complicados, que atraviesan horizontalmente toda la fachada de cantiles. Destaca entre ellos el Andén de Las Coloraditas y el de Pajaritos.

Vista desde aqui, la cañada por la que hemos bajado aparece como una sinuosa quebrada que se desploma riscos abajo originando un poderoso "efecto embudo". De ahí, que cuando se observa desde abajo, parezca intransitable..

A mitad de senda, el camino queda bloqueado por la existencia de un gran escarpe que limita el tránsito; existen dos variantes para sortearlo: la primera es a través del llamado Paso del Agujero, una hendidura circular por la que cabe una persona perfectamente y comunica las dos bandas del escarpe, pasando por su interior. La segunda, mucho más arriesgada, consiste en bordear el escarpe por una via muy estrecha y expuesta a un escalofriante vacio, sin duda desaconsejado a los aprensivos a las alturas.

Tras rebasar el agujero, llegamos a una zona muy cerrada por altas y verticales laderas; hemos llegado a la cabecera del Cañadón del Jierro. El descenso se hace muy evidente, por un terreno pedregoso y lajas pulidas, atravesando un prominente declive que deja bajo nosotros unas caidas más que importantes.

La bajada es sinuosa y nos conduce directamente a un paso muy aéreo (hoy restaurado con una estrecha pasarela de madera) resultado del derrumbe de parte del camino y que bordea el risco saliente. Justo en dicho risco hay una cuerda que podrá ser utilizada cuando se camine sobre la pasarela para mantener el equilibrio.. al otro lado queda un desplome de más de 50 metros que si se tiene suerte, para aquellos aprensivos de las alturas, podria estar cubierto con la neblina en dias frios y asi impediria mostrar la vertiginosa panorámica.

Esta parte del trayecto puede imponer muchisimo, ya que dá la extraña sensación de que la pasarela se encuentra suspendida en mitad de la nada, sobre todo si hay neblina. Aunque la estructura esté bien sujeta a los peñascos, es normal que haya dudas respecto a su resistencia y aguante, ya que al fin y al cabo está anclada sobre un escarpe de muy dificil acceso.

No obstante, en si es muy segura y con tranquilidad se supera este paso sin dificultad. Si se prefiere, para aquellos que sufran de vértigo, se puede agarrar uno a las cuerdas que sujetan la pasarela a la pared y se camina de espaldas al vacio, para asi evitar tener que mirar hacia abajo.

Hasta hace poco no existia la pasarela y los osados caminantes tenian que garrapatear por el risco y dando la vuelta por la tosca derrumbada, mucho más arriba del sendero original y arriesgando mucho de que un simple resbalón pudiera tener consecuencias fatales.

Una vez se deja atrás este imponente paso llegamos a un vertiginoso descenso a través del cauce del Cañadón, unas veces a por su vertiente derecha y otras por la izquierda a través de un espectacular cortado vertical el cual hace pensar, cuando se mira desde la base de los riscos, que es imposible que un sendero haya sido trazado por esta angosta garganta.

Durante la pronunciada bajada se podrá ver la famosa roca en forma de Cara de lobo o gato con mayor precisión, que desafiante parece que "nos observa", asi como multitud de cuevas sobre los inmensos riscos, de los cuales salen unos andenes colgados en la horizontal que surcan toda la cornisa de escarpes y por lo que han transitado varios grupos de montañismo muy expertos en este tipo de terrenos. A medida que se vá descendiendo, el estrecho Cañadón se vá "abriendo" ligeramente pero sin perder verticalidad y salvando unos impresionantes caideros muy desgastados. Sobre ellos existen varias formaciones rocosas en forma de arcos cerrados.

Hay que destrepar estos caideros, el primero mediante unas "escaleras" formadas en la roca y el segundo, mucho más complicado, mediante un pequeño andén lateral, hasta alcanzar nuevamente el lecho del canalizo. El andén es algo resbaladizo.

A sus lados, los barranquillos bajan en caida totalmente libre. Hay que cruzar el cauce nuevamente de uno de estos barranquillos (mojones visibles) y abandonarlo justo en un cortado y llegar a una pequeña degollada que dá acceso al inmediato Paso de Panantón, un estrechamiento entre dos afilados riscos y en cuyo sendero se ha trazado algo similar a una escalera de piedra. El descenso es empinado.

A partir de aqui, la pendiente se suaviza un poco, dejando una caseta derruida a un lado y a través de los lomos se llega a la ladera norte de la montaña conocida como Monte Fama, donde vuelve a cobrar inclinación hasta dirigirse al Lomo de Vera donde se asciende hasta su cresta y donde se divisa a la derecha el Barranco de Agualatente y el pueblo del mismo nombre y a la izquierda el de La Culata.

Se desciende por la vertiente izquierda hasta llegar al camino que conduce a la Culata, aunque el itinerario puede seguirse hasta Agualatente bajando el lomo por su otra cara, poniendo fin a tan espectacular senda. De ahí puede enlazarse con Risco Blanco, si se dejaron coches allí.

Sin duda una de las rutas más emocionantes, exigentes y excepcionales que se puede ofrecer en este sector de la isla.

El fortísimo desnivel de la zona sumerge al caminante en un fabuloso ambiente muy montañero cargado de sensaciones constantes de riesgo, aventura y mucha adrenalina.. Los paisajes, como siempre, impresionantes.

Si el vértigo de altura no les causa problemas, sin duda muy recomendable.


El Lobo de Tirajana

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