lunes, 12 de septiembre de 2011

CIRCULAR 4: Cruz de Tejeda - Degollada de Las Palomas - Lomo de La Retamilla - Mesas de Galaz - Barranco del Andén - Barranco de Crespo (ACTUALIZADO)

El Barranco de Crespo es uno de los más largos de toda Gran Canaria y también uno de los más húmedos.

Debido a esta caracteristica, conserva un importante bosque de laurisilva, desde su nacimiento, en el Macizo de la Cumbre Central hasta poco antes de su desembocadura, en San Andrés.

A causa de su larguisima longitud, se le ha cambiado el nombre al barranco, según por los tramos por donde pasa; en su nacimiento y hasta llegar al Caidero de Marrero o del Andén es el Barranco de Crespo.

Esta primera parte tiene muchos tributarios cortos que se le unen y aportan sus aguas al cauce principal.

A partir de esta parte hasta llegar a Valleseco es el Barranco del Andén, con una exuberante vegetación boscosa muy densa y que en bastantes puntos obstaculiza el tránsito por su lecho, debiéndose ser sorteado por una de sus laderas.



Tras pasar Valleseco y hasta llegar a Firgas se le conoce como el Barranco de La Virgen, muy popular debido a su frondosidad, a sus escarpadas laderas y a grandes caideros que hacen "escalonar" el barranco. En cierto punto, se le une el Barranco Oscuro, que baja paralelamente por la banda norte.

Tras llegar al Caserio de Las Madres, en Firgas, vuelve a cambiar de nombre y pasa a llamarse Barranco de Guadalupe, cuya unión más adelante con el Barranco de Doramas dá paso al conocido Barranco de Azuaje, que forma parte de la Reserva Natural Integral de Azuaje y Barranco Oscuro.

Azuaje es famoso por el Balneario de aguas medicinales (actualmente en un triste y precario estado) existente en su cauce y sobre todo por la espesura de su vegetación, donde llega, en ciertos lugares, a ser tan cerrada y espesa que hace permanecer al barranco en una semi-penumbra permanente.

Es el tramo más largo de este espectacular barranco, que desemboca finalmente en la costa norte, junto a San Andrés, llamándose en este caso Barranco de San Andrés, ya desprovisto de su selvática flora.

La altisima humedad de este barranco en sus 5 primeros tramos, sobre todo en invierno, es tal que todos sus árboles aparecen recubiertos de las características barbas de capuchino y sus troncos de un tono verde muy refulgente debido a la presencia de musgo en sus cortezas.

Normalmente corre agua por su cauce durante todo el año, siendo mucho más caudaloso tras las épocas lluviosas.

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KILÓMETROS: 12 Aprox.
DURACIÓN: 6 H. Aprox.
ESTADO DEL SENDERO: Generalmente bueno, excepto tras las lluvias donde existen tramos muy resbaladizos.
RESISTENCIA PARA INICIADOS: Media - Baja
RESISTENCIA PARA PRINCIPIANTES: Media - Alta
TIPO DE RUTA: Circular
COMIENZO Y FINALIZACIÓN: Cruz de Tejeda
DIFICULTAD: Media
TRAMOS AÉREOS: No
MUNICIPIO: Tejeda - Valleseco
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La ruta arranca en la trasera del Parador Cruz de Tejeda, junto al aparcamiento en dirección oeste. No confundir con el camino que se dirige a Teror por la otra vertiente; aunque esta circunstancia esté solventada con un cartel indicativo, hay muchas personas que aún lo toman erróneamente.

La parte inicial del sendero, asciende una prolongada y empinada cuesta, pasando y bordeando previamente un estanque. La subida se hace cansina debido a su pendiente y en 5-7 minutos desemboca en el llaneo del camino, que asciende y desciende muy ligeramente según las irregularidades del terreno. A la derecha dejamos los laderones verticales del Monte Constantino.

La senda es magnífica en cuanto a vistas se refiere; trazada en la horizontal sobre las cotas altas de los impresionantes Riscos de Chapín, bordea las cabeceras de varios afluentes del Barranco de Tejeda, todos de pronunciado desnivel, teniendo en la gran mayoria del recorrido, exultantes panorámicas hacia la accidentada Cuenca de Tejeda, el Macizo del Nublo, Los Riscos de la Fogalera o Fagolera, Altavista, los dos roques más famosos, Bentayga en primer término, custodiando el rocambolesco paisaje petrificado de la gran caldera, asi como los pequeños pagos tejedanos, colgados de los inmensos riscales. Las casitas blancas destacan hermosamente contra la negrura de los escarpes. Mesas, planchas y rampas rocosas, monolitos aislados, lomos y crestas aserrados, pequeñas gargantas, degolladas, desfiladeros y sobre todo un sin fin de barranqueras y abruptos tributarios, componen el imponente paisaje.

La gran variedad de irregularidades geográficas dentro de una misma perspectiva es sublime para los amantes de la fotografia, destacando la famosa "Tempestad Petrificada" que en su dia fué definida por Unamuno hacia tanta belleza armoniosamente desordenada dentro de la Caldera de Tejeda.

Dejando a la izquierda varios monolitos solitarios de particular contorno, el sendero llega a la inmediata Degollada de Las Palomas, mirador de paso obligado hacia la vertiente del lejano Nublo y el profundo Barranco de Tejeda, con su pueblo en primer término. Desde este punto es posible visualizar en gran distancia y hacia el oeste, algunos invernaderos de la Aldea de San Nicolás, asi como toda la extensión en cadena del Macizo de Pajonales-Inagua.

En la degollada, sale hacia el oeste y en ascenso un camino escalonado que sube a lo alto del pinar. Este inicio es dificil transitarlo tras las lluvias, pues está formado de tierra que al mojarse forma auténticos y resbaladizos lodazales.

Tras llegar al pinar, el sendero se convierte en pista, llaneando por un enclave silencioso de helechas y pinos y tras bifurcarse en un par de tramos (siempre tomar los desvios que bajan a la derecha, pues los de la izquierda conducen a Artenara por Los Moriscos) llega a una edificación que tiene fuera una pequeña acequia.

Durante la travesia por la pista, son excepcionales las vistas hacia el noreste de la isla, con la lejana ciudad de Las Palmas y su Isleta de fondo y parte de la costa de Telde.

Justo frente a esta edificación, hay una ladera de pendiente moderada que habrá que descender campo a través hasta bajar a la carretera (se ven signos de pisadas), donde se cruza y se interna en el Pinar de las Mesas de Galaz. Como referencia se verá un gran tronco de árbol tirado en el inicio del nuevo sendero, a pié de asfalto.

Este pinar sufrió hace años un voraz incendio que destruyó muchos pinos de gran porte y casi toda la vegetación baja (helechos y demás). Hoy en dia, gran parte de su masa forestal se ha recuperado totalmente, aunque aún son visibles los daños producidos por el fuego en algunos troncos; una pequeña parte de esta zona es utilizada indiscriminadamente como área recreativa.

El senderito atraviesa el pinar, donde nacen helechos de gran altura (en épocas lluviosas obstaculizan totalmente el camino y pueden crecer hasta el nivel de la cintura de una persona) y conduce en descenso hacia el inmediato Lomo de La Retamilla, dejando a la izquierda el barranquillo del mismo nombre y el precioso Montañón Negro, un llamativo cono volcánico desprovisto de vegetación en una de sus laderas debido a que son de picón. Tiene la particularidad de ser un cono abierto, que deja por su vertiente opuesta otra ladera totalmente cubierta de pinos. Su instantánea es muy bonita.

Frente a el, si no hay niebla, puede verse la Montaña de Los Pajaritos.
El camino, tras varias revueltas de poca importancia, finaliza en la carretera, junto a la entrada a la finca privada de El Pinillo, propiedad de la Heredad de aguas de Arucas y Firgas.

Se pasa la valla por un lateral y comenzamos el tramo de bajada por la pista forestal que se dirige sin pérdida al Barranco del Andén; a un lado y a otro, "árboles fantasma" con barbas de capuchino nos dan la bienvenida a esta zona de gran humedad. Si hay niebla, la estampa final viene a ser un contraste entre misterioso, lóbrego y excepcionalmente bello para la vista, como sacado de una ficción de Tim Burton.

En invierno, hay que tener cuidado al transitar por ciertas zonas muy húmedas con presencia de lodo, pues es altamente resbaladizo.

La bajada por la pista se efectúa en unos 25 minutos aprox., dejando atrás una bifurcación que aparece a la izquierda (no tomar, pues lleva al Barranco del Pinillo, que baja por la otra banda del Andén) y llegando a un desvio que entra a la derecha, conduciendo al impresionante Caidero del Andén o de Marrero, que en fechas invernales lleva un importante caudal de agua.

El caidero es intransitable, empotrado en un declive natural del barranco a modo de escalón gigante y en una oquedad que lo hace permanecer en cierta penumbra (puede recordar a los saltos de agua del Barranco de La Mina). Asimismo, su entorno está cerrado en una bóveda de vegetación muy frondosa, entre los que destacan el brezo y la faya.

A su lado, baja otro arroyo por un caiderito más pequeño y que mediante trepadas puede superarse hasta cierto punto.
Las piedras que se hallan en sus cauces son de un tono verde muy vivo, teniendo toda la zona una humedad altísima.

Los nogales son muy abundantes por alli, por lo que no es extraño encontrar el suelo cubierto de nueces.
Las aguas del arroyo son potables, usadas por una conocida marca de agua embotellada.

Tras salir de la zona del caidero, retrocediendo sobre nuestros pasos, llegamos nuevamente a la pista principal (por el mismo camino) que baja hasta unas edificaciones abandonadas y ruinosas (usadas antaño como lugar de acampada furtiva) y que es fácil de identificar debido a que son las únicas que encontraremos en esa banda del barranco.

En la fachada de una de ellas hay una imagen en cerámica de la Virgen del Pino.
Continuamos en descenso, pasando junto a una enorme cueva artificial construida entre 2 grandes paredes y donde en su interior hay un bidón deteriorado y varias oquedades, dejando a un lado restos de vagonetas oxidadas, junto a la entrada de pequeñas cuevas. Hay una gran cantidad de pozos y galerias por esta parte, aunque en su mayoria cerrados.

Llegamos a un gigantesco caidero que tiene en las alturas algunas casas - cueva.

Justo frente a este impresionante escarpe sale un senderito (oculto por la densa vegetación) que baja al fondo del barranco y es el punto de retorno hacia arriba, pues de continuar por la pista llegariamos a Valleseco (hay que estar muy pendiente de este sendero, ya que no está marcado con mojones y su bajada es muy sutil, pudiendo pasar inadvertido).
Si no se toma, la pista en descenso continuaría hacia los tramos más bajos del barranco, no teniendo en estas áreas posibilidad de cruzarlo.

La referencia de donde se encuentra el punto exacto del senderito es bajo los grandes caideros, en el lugar donde la oquedad hace sombra (en dias soleados) o no está mojado como la pista (en dias lluviosos).

El camino baja al cauce del Barranco del Andén, entre una frondosa jungla con numerosas especies endémicas, lo cruza y sube por la otra banda (ladera opuesta) hasta llegar a otra edificación que tiene un pozo de agua. Algunos tramos puede recordar al Parque de Garajonay, aunque en menor densidad.

A un lado puede verse un barranquillo tributario intransitable, debido a la inclinación de sus laderas y a la gran cantidad de flora existente en su lecho.

Desde la edificación sube el sendero por una zona bastante pendiente y muy resbaladiza (cuando está húmeda) y que lleva a otra pista forestal, donde continúa en ascenso hacia el sendero que espera más adelante, pasando previamente por otra edificación con 2 puertas verdes y que en su interior tiene restos de antiguas máquinas utilizadas para sacar agua de los pozos.

Como referencia, desde que se toma la pista hasta que se abandona nuevamente, habremos pasado 3 torretas eléctricas de alta tensión, la única particularidad que sin duda estropea el entorno.

A partir de aqui, el senderito vá bordeando la ladera del barranco (senda estrechita y muy resbaladiza cuando está mojada) y tras pasar un pequeño derrumbamiento y varias barranqueras, se llega a una zona de pinar, en el Barranco de Crespo que se dirige a las Cuevas de Crespo.

Antes, existen gran diversidad de atajos y sendas que circundan la loma; hay dos alternativas a tomar: si se sigue el cauce del barranco en ascenso, se llega a las Cuevas de Crespo y a los pequeños caiderillos de esta parte del barranco. Si no se sigue el cauce y se sube la loma, se llega a la carretera (pasando antes por unos peñascos cubiertos de musgo) y enlaza directamente con la cabecera del barranco, pasando junto a un pequeño embalse y llegando a los Llanos de Crespo, que es el punto de unión tanto si se escoge una alternativa como otra.

La diferencia radica en que una via conecta con las cuevas (muy impresionantes cuando llueve al llenarse su interior de agua que rebosa hacia los afluentes) y la otra no.
Este tramo del circuito puede despistar bastante por la gran cantidad de caminos de cabras que hay. Como referencia, nunca hay que abandonar el camino principal y solo bajar al cauce del barranco si se quieren visitar las cuevas. La carretera, a cota alta, no dejará de hacernos llegar el ruido del tránsito de los coches. En caso de duda, hacerse guiar por este ruido es muy efectivo siguiendo el senderillo o en caso exigente, retornar hacia el Andén nuevamente y subir por el Lomo de La Retamilla.

Si se visitan las bonitas Cuevas de Crespo, hay que cruzar el barranco de derecha a izquierda y subir una pronunciada pendiente (sendero de cabras muy estrechito y resbaladizo), dejando a un lado unas preciosas cascadas junto a unos caideritos y algunos bancales de cultivo.

La ladera, algo pendiente, finaliza en la carretera que se cruza y se comienza el último ascenso muy moderado por la loma siguiente por sendas muy estrechas de paso de ganado.
La subida es exigente y resbala muchísimo si está húmeda.

Lleva directamente al Lomo de Crespo, una planicie por cuyo lateral cae la Hoya del Laurel y termina en su cima donde aparece una pista en bastante desuso con hileras de piedras a sus lados.

Este camino lleva también a los Llanos de Crespo, donde en ascenso se pasa junto a una casa con tejado rojo (en épocas estivales hay ganado suelto por estos llanos) y termina en la carretera que se dirige a la Cruz de Tejeda.

A menos de 100 metros en dirección opuesta está la Degollada de Las Palomas, donde antes de llegar a ella, se ininia el sendero que bordea nuevamente los Riscos de Chapín y finaliza en la trasera del Parador, punto de partida de la selvática circular.

Una ruta verde muy recomendable por fechas otoño-invernales. Fascinante.



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2 comentarios:

Javier ™ dijo...

Nos las hemos pasao canutas ni ná ahí con las lluvias je...

Tania dijo...

Pues yo lo pasé muy bien. Exceptuando el calzado que no me ayudaba en los tramos muy resbaladizos y a la perssistencia de la llovizna durante toda la jornada, estuvo genial. Me encanta salir los dias muy frios, neblinosos y húmedos y más por parajes tan verdes como este. A ver si se repite pronto que ya necesito un "chute" de laurisilva ipso facto, jajaja